Si hacemos una revisión de panteones a lo largo del mundo nos daremos cuenta que sus miembros son retratados con cualidades humanas y estableciendo dinámicas de mutualismo y conflicto que suelen alternarse entre sí. De lo poco que sabemos acerca de las culturas antiguas no se conocen casos de guerras entre panteones, apenas algunas escaramuzas entre adoradores de distintos dioses. Es más, muchos panteones han adoptado algunas imágenes de dioses foráneos y de la misma manera existen deidades que se han paseado a lo largo de diversas culturas, al menos en el núcleo mediterráneo. Incluso, algunos investigadores y charlatanes se han atrevido a establecer, con mayor o menor exactitud y fortuna, interesantes paralelos entre culturas mesoamericanas y mediterráneas.
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| Yin y yang en su constante devenir |
El monoteísmo, que nació en el medio oriente y se expandió a lo largo del globo, es una religión con un fuerte sentido patriarcal, donde un dios en el cielo es origen y fin último de toda la creación y todo, incluyendo aquello que no lo desea, termina subordinándose a él. Si bien, durante los últimos 200 años esta idea de deidad ha sido de algún modo reemplazada por la razón y la ciencia, la humanidad ha terminado desarrollando un sistema social y económico con principios globales e indiscutidos, como las nociones de progreso y desarrollo, una creciente dependencia de la tecnología que nos ha permitido liberarnos de un montón de tareas cotidianas y limitaciones geográficas y culturales logrados a partir de un desarrollo industrial y tecnológico acelerado y constante.
Raúl Ruiz, prolífico director de cine chileno, en sus poéticas del cine desarrolla otro, similar al anterior, que es el de la dictadura del "conflicto central" que en su vertiente política está caracterizada por la "lucha de clases" descrita por Marx y cuyo antecedente más directo es la dialéctica griega, donde básicamente nos encontramos con un incesante enfrentamiento entre dos fuerzas antagónicas que en su devenir conforman la realidad como la conocemos. El cine que Ruiz desarrolla, y sus teorías, ponen su atencion en aquellas zonas grises donde ese conflicto se desdibuja, o lisa y llanamente desaparece. Cuando elegimos no elegir, cuando nos dejamos arrastrar por las fuerzas invisibles. Paradójicamente, uno de los ejemplos que Ruiz utiliza para ilustrar sus puntos de vista es el "conflicto" (o juego, como prefiere llamarlo) entre dos principios, Misterio, que busca esconder, y Ministerio, que busca explicar. Los antiguos chinos, a su vez, desarrollaron el libro de las mutaciones, donde se refleja la alternancia eterna entre dos polaridades definidas como yin y yang y sus permutaciones matemáticas, conflicto que nuestros antepasados mapuches imaginaron como la lucha de las serpientes tren-tren y kaikaivilú.
Así, todas nuestras interacciones sociales están definidas en términos dialécticos. Las historias que consumimos muestran siempre el enfrentamiento del "bien" contra el "mal". Los medios de comunicación de masas buscan generar y alimentar debates públicos en base a los acontecimientos determinados como relevantes que tradicionalmente se estructuran en torno a dos posturas antagónicas fundamentales, hay historiadores como Sergio Villalobos que advierten contra el peligro de los "tres tercios" y defienden el sistema binominal que, con algunas cosméticas modificaciones, todavía subsiste en la actualidad. Los heroes y villanos son definidos en torno a algún aspecto limitado de su personalidad a partir del cual son amados y odiados por partes iguales de acuerdo al punto de vista desde el cual se los mire.
Las fuerzas antagónicas jamás se anulan entre sí, sin ellas no existe devenir posible. El término de un conflicto nos obliga a buscarnos otro, de naturaleza distinta, en algún otro ámbito y sin embargo a menudo nos sentimos inclinados hacia uno u otro lado de la balanza, impidiéndonos ver que somos fruto de la conjunción y relación de ambas fuerzas. "Y nosotros, que pensamos en la felicidad creciente, sentiríamos la emoción que casi nos consterna cuando algo feliz se derrumba." decía sin embargo el gran poeta Rainier María Rilke ya a comienzos del siglo XX, luego de que el filósofo Nietzche proclamara con estruendo "Dios ha muerto" y sin embargo seguimos haciendo como si estuviese vivo, o nos vemos obligados a resucitarlo una y otra vez hasta que la muerte resulta poco menos que un descanso transitorio, como podemos comporobar observando las grandes mitologías modernas contenidas en los universos superheroicos de las grandes compañías de comics norteamericanas que durante este siglo se encuentran traspasándose en forma masiva al cine de entretención luego de 50 años de historias ininterrumpidas, de crisis existenciales y conflictos cada vez a mayor escala, donde universos completos nacen y mueren como quien se toma una taza de café, y sin embargo el conflicto siempre se las arregla para subsistir.
Hasta que dejemos de contarnos historias y volvamos a observar con distancia e involucramiento el acontecer, y nos demos cuenta que ese conflicto es sólo un punto de vista intercambiable, como enseñaban los viejos mitos. Cuando el paso del tiempo y el invierno, el descanso y la muerte ya no son temidos ni glorificados, simplemente son estados cambiantes que también nos traen maravillas por descubrir.
