sábado, 3 de septiembre de 2016

Siempre me han gustado las historias acerca de paradojas temporales, donde la linealidad se rompe y percibimos por un instante cómo la realidad se estira, se comprime y se dobla para mostrarnos un acontecimiento desde múltiples perspectivas donde no existe una única lectura. En una red de espejos las historias se reflejan multiplicando sus puntos de vista a niveles insospechados.
Mis poemas tenían esa capacidad. Más de una vez al hojear algún viejo cuaderno pude verme anunciado en noches de febril y ansiosa actividad alternada con un par de cigarrillos en la puerta de mi casa en Coquimbo. Tuve miedo de mis proyecciones y los quemé en un intento por liberarme de ellas. Ahora comprendo que al quemarlas las he liberado al mundo para encontrármelas en toda clase de escenarios. Acaso este escrito haya sido anunciado en alguna Liserco vespertina rumbo al hogar, o el mensaje que aquel hombre oscuro en la estación tenía que darme si no hubiese huido aquella noche... 

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